sábado, 28 de enero de 2012

El cuaderno de Maya



«Soy Maya Vidal, diecinueve años, sexo femenino, soltera, sin un enamorado, por falta de oportunidades y no por quisquillosa, nacida en Berkeley, California, pasaporte estadounidense, temporalmente refugiada en una isla al sur del mundo. Me pusieron Maya porque a mi Nini le atrae la India y a mis padres no se les ocurrió otro nombre, aunque tuvieron nueve meses para pensarlo. En hindi, maya significa “hechizo, ilusión, sueño”, nada que ver con mi carácter. Atila me calzaría mejor, porque donde pongo el pie no sale más pasto. Mi historia comienza en Chile con mi abuela, mi Nini, mucho antes de que yo naciera, porque si ella no hubiera emigrado, no se habría enamorado de mi Popo ni se habría instalado en California, mi padre no habría conocido a mi madre y yo no sería yo, sino una joven chilena muy diferente.»

Maya tiene una vida relativamente feliz con sus abuelos en Berkeley, California. Pero su vida da un giro cuando su Popo, su abuelo, muere. Comenzará a frecuentar malas compañías y todo ello irá empeorando hasta verse envuelta en una espiral de drogas y mala vida que terminará por hacerla vivir el lado más oscuro de la adicción.

Su Nini, la abuela, decide que para salvarla debe mandarle muy lejos de la mafia que la persigue, así que la envía a Chiloé una remota región de Chile en la que Maya vivirá un año de destierro forzado en el que irá anotando en su cuaderno toda su historia, su pasado, su presente, y sus expectativas de futuro.

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